Jamás había sentido tanto miedo, felicidad y amor al mismo tiempo

Por: Arlette Alvarado

Desde el momento en el que se me rompió la fuente todo fue angustia y nervios porque de acuerdo a lo planeado ese día no era el momento, aun faltaban semanas para que Regi tuviera el peso y la madurez necesaria para nacer pero así fue, con 36 semanas tuve un parto natural seguida de una sensación horrible de saber que comenzaría una experiencia distinta a lo que soñábamos y ver que desde los primeros minutos de vida dejamos de ser un binomio para que mi bebé se convirtiera en paciente de la UCIN y que en lugar de mis brazos estaría en una incubadora. No me imagino todo lo que paso por la cabeza de mi esposo, quien estaba afuera esperando noticias de nosotras con una preocupación que no termina cuando eres padre.

Mi recuperación física fue rápida, o eso sentía porque mis pensamientos estaban en la salud de mi hija, al día siguiente al parto tenía hora de visita al mismo tiempo que mi alta así que recién parida corrí maratónicamente para llegar a verla tan solo una hora.

Es tan deprimente tener que despedirte y salir del hospital sin tu bebé en brazos. Lloraba todo el tiempo mientras mi esposo me mostraba la mejor versión de hombre que he conocido, empático, sensible, atento, fortaleza y fragilidad al mismo tiempo. Yo por lo menos tenía momentos con mi hija en las visitas, el se sacrificó y decidimos que yo debía pasar el mayor tiempo posible porque el que Regi comenzara a alimentarse de mi era lo que más le ayudaría a superar la hipoglucemia.

Él me esperaba en el carro mientras yo iba con nuestra hija y según los avances que me daban los doctores era el ánimo con el que me veía subirme al carro, su lectura era por si rompía en llanto o lo abrazaba con una sonrisa.

La pequeña Regi en compañía de sus padres / Foto Cortesía: Arlette Alvarado

Un día mejoraba y al otro  se alimentaba por sonda, eran más las caídas que las buenas noticias… así pasaron 11 días en los que conocimos otros padres que nos acompañábamos mientras nos poníamos el traje de astronauta y todo el kit de seguridad .. unos con experiencias más difíciles porque aun no habían podido cargarlos o alimentarlos en meses pero nos llenábamos de alegría cuando veíamos el alta de un niño y los despedíamos con sonrisas y aplausos… después llego nuestro momento… uno que diario esperábamos porque siempre traíamos en la cajuela la pañalera con todo para llevarla a casa, no contábamos con que nada le quedaría pues la talla 00 era grande para ella, salimos súper nerviosos y con miedo de que tuviéramos que correr de vuelta al hospital.

Afortunadamente fue algo “pasajero” la hipoglucemia, pero por haber sido prematura en su desarrollo si hay mayor riesgo de enfrentar otras situaciones como la que ahora a sus 2 años presenta alergias e inmadurez en sus vías respiratorias. En retrospectiva jamás había sentido tanto miedo, felicidad y amor al mismo tiempo. Somos muy afortunados al tenernos uno al otro para apoyarnos y eso fue lo que nos mantuvo fuertes para formar la familia y las personas que ahora somos….

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