La cicatriz tiene un precio invaluable: te da el poder de vivir y agradecer el poder ser feliz

La cicatriz tiene un precio invaluable: te da el poder de vivir y agradecer el poder ser feliz

Por: Lenonardo Melo

Mi hijo nació con un padecimiento muy severo en el corazón y a los días de nacido, nuestras visitas al hospital y al área de terapia intensiva parecían interminables.

Después de varios meses y de estudios, los doctores de Leo se acercaron a nosotros y prácticamente desahuciaron la vida de mi hijo al decirnos que que teníamos que cruzar la frontera para que Leo pudiera sobrevivir. Buscamos una opción en el estado de Arizona donde encontramos un médico especialista en el padecimiento corazón de Leo  y él nos canalizó con el doctor Pedro del Nido en Boston.  Enviamos toda la información solicitada por el hospital y ahí existía la esperanza para salvar la vida de mi hijo, la cual dependía de pagar $400,000 dólares.

Ahí, comenzó todo porque  uno no estudia para ser padre y menos para ser padre de un niño enfermo,  pero cuando la vida te pone en ciertas circunstancias tienes que aprender rápido. De las primeras veces que Leo estuvo internado, recuerdo que mi esposa y yo estábamos sentados cuando  llegó una enfermera a preparar sus medicamentos, cuando repentinamente,  entró el doctor Turner y le pregunta a la enfermera que por qué ella está preparando los medicamentos, que nosotros como padres teníamos que aprender y suministrar siempre los medicamentos de nuestro hijo. Ahí entendí que esto era mi vida de ahora en adelante y cada situación que se presentara tenía que aceptarlo y agradecerle de que mi vida iba en ese sentido .

Para salvar la vida de Leo tuvimos que hacer una campaña para recaudar fondos, misma que superó nuestras expectativas porque se convirtió en una campaña internacional, en donde miles de personas querían saber cómo estaba Leo y cómo le iría en su operación. Se recaudó parte del dinero y salimos a Boston para tener  una valoración para ver si Leo era candidato a la operación. Sorpresivamente, tan pronto llegamos  a Boston ya no nos dejaron regresar , lo operaron y siguieron  días muy difíciles porque el estado de salud de mi hijo, era muy grave e incluso sufrió un paro cardiaco .

De la primera vez que fuimos a Boston al día de hoy,  hemos tenido siete intervenciones entre cirugías con reemplazo valvular y cateterismo.

Hoy Leo tiene cinco años, está en tercero de kinder,  hace deporte y tiene muchos amigos. Para él la cicatriz en el pecho tiene un precio invaluable, él cree que le da poderes:  el poder de vivir,  el poder de agradecer, el poder de servir y sobre todo el poder de ser feliz. 

Nosotros como padres, estamos agradecido también, si bien no fue la  forma en la que nosotros teníamos planeado tener un hijo, este precioso niño nos cambió todo y siempre, nos cambió para bien.

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