Levantar la cabeza seguir adelante y a pesar de cualquier imprevisto mostrar fortaleza y convicción

Levantar la cabeza seguir adelante y a pesar de cualquier imprevisto mostrar fortaleza y convicción

En Marzo de este año, 2019,  mi esposo y yo nos enteramos que estábamos embarazados después de más de medio año de intentarlo. Todo fue felicidad, todo alegría, todo nuevas esperanzas de nuestro primer bebé. A las 6 semanas de gestación, tuvimos el primer chequeo, y la doctora nos dice que ve dos saquitos, que esta 99% segura que son gemelos idénticos, por estar en la misma bolsa.

Pasaron las semanas y los chequeos: confirmadisimo, eran 2 bebés, monocoriales diamnioticos, lo que significa que estaban en la misma bolsa, separados por una pequeña membrana, alimentados por la misma placenta.  Los médicos nos comentan que este tipo de gemelos tienen sus complicaciones, porque al alimentarse de una placenta, corren el riesgo de que uno se alimente más y que el otro se quede pequeño, perder fuerzas y no llegar a término, por lo que rigorosamente íbamos cada 2 semanas a revisión, una vez con la Ginecóloga y otra con el Materno Fetal, con quien dos veces al mes nos hacíamos un estudio doppler. El resto de parejas que conocemos, nos comentaban que les parecía una locura tantos estudios, pero nosotros no queríamos escatimar, ni por dinero, ni por tiempo, queríamos asegurarnos que nuestros bebés estuvieran bien y hacer todo lo posible por llevar un embarazo saludable.

Todos a nuestro alrededor estaban muy felices por nosotros, muchos nos querían hacer ver la “friega” que sería tener dos bebés, pero nosotros siempre nos mantuvimos positivos, que podríamos con eso y de verdad estábamos convencidos que así sería. Llegamos al momento de saber el sexo y lo que las apuestas apuntaban, eran dos niños! Todos felices, tendríamos dos nenes igualitos!

Cada revisión era buena, nada de mal formaciones, complicaciones o situaciones fuera de lo común. Mi esposo escogió el nombre de Román y yo el de Lucas, estuvimos de acuerdo con los nombres y lo anunciamos “oficialmente” al mundo entero. Planes, compras, diseño de su cuarto (soy Arquitecta) tenía ya hasta renders de como se vería.

Llega una revisión de rutina, la semana 26 de gestación, ya en el tercer trimestre prácticamente, “ya había pasado el riesgo mayor”, un día antes de mi cumpleaños, nos dice la Doctora que no ve el latido de uno de los bebés. Desde que escuché esa frase todo se volvió como una historia de terror, entré en estado de shock y sólo pensaba que quería despertar de la espantosa pesadilla que estaba soñando, incluso más cuando buscando una segunda opinión, con el Materno Fetal, nos dijo que teníamos que llevar a término mi embarazo, porque el otro bebé, corría un gran riesgo de también fallecer, aunque afuera tampoco nos daba esperanzas de que pudiera sobrevivir por lo prematuro y por la posible infección o complicaciones, al no saber con exactitud qué había pasado.

Nosotros aún así ya habíamos decidido que no lo sacaríamos y que preferiamos que creciera un poco más. Buscamos más opiniones y nos decían que podíamos esperar, con chequeos semanales y así tal vez llevarlo a término, al menos semana 37.

Así lo hicimos e íbamos a revisión y si, cada revisión, veíamos a nuestro bebé vivo y al que ya no lo estaba, era algo muy extraño y ambivalente, alegrarnos por un bebé, que iba muy bien y que en el mismo ultrasonido, viéramos a nuestro otro bebé “encogerse” escuchando todas los procesos médicos, de un feto sin vida y como se iría deshidratando y deformando. Decidimos que el sobreviviente sería Lucas y que el que había fallecido era Román, extrañisima situación elegir eso, pero lo teníamos que hacer, teníamos que enfrentar esa rara decisión.

Justo al cumplir las 31 semanas, rompí fuente, estábamos asustados, pero con cierta confianza en que Lucas, al menos había aguantado 5 semanas más de gestación y era un bebé con más posibilidades de sobrevivir en el exterior.

No podía nacer natural, ya que tenían que sacar el pequeño cuerpo sin vida, de Román, pero Lucas ya quería nacer, ya venía en camino. En la cesárea, Lucas salió primero, tenían que pasarlo de inmediato a cuidados intensivos, solo me permitieron darle un beso y alcanzó para que mi esposo tomara un par de fotos, lo metieron a la incubadora y se lo llevaron, después sacaron a Román y pudieron ver que lo que pasó es que se le anudo el cordón umbilical y Lucas ya estaba un poco enredado también, fue cuando agradecí a pesar de la situación, que Lucas llegara, aunque sea antes de tiempo, el decidió nacer, antes de que pasara lo mismo que su hermano, estamos seguros.

Ese primer día no pude verlo, mi esposo fue a la visita de la noche a cuidados intensivos y lo pude ver por video llamada, con muchos cables, muy pequeño, pero muy despierto y activo, eso me tranquilizó. La idea con el, era anticiparnos a cualquier cosa, el riesgo de infección, por haber estado en contacto con el cuerpo de Román, era muy grande. Había que mantenerlo con antibióticos y oxígeno por sus pulmones poco maduros.

Poco a poco fue avanzando, nuestra vida se volvió ir a las visitas permitidas en UCIN, un “loop” de situaciones que se repetía constantemente. Cada camino al hospital, cuando íbamos a verlo, eran unas ansias enormes, entre emoción y miedo, por un lado tenía muchas ganas de verlo, pero por otro era difícil verlo entubado y mi mayor temor, que nos dieran malas noticias, yo intentaba ser lo menos pesimista, pero la experiencia con Román, no me ayudaba a ver las cosas positivas, simplemente no podía pensar en los riesgos que Lucas podía estar. Así fueron 5 semanas, lo vimos crecer dentro de la incubadora, luego nos permitían cargarlo, piel con piel y después hasta clases de como bañarlo y hacerlo repetir después de comer. De 1,690gr aumentó a 2,250gr, para nosotros ya estaba enorme y así salimos del hospital, con un bebé de un mes, pero con el peso de un recién nacido muy pequeño.

Muchos cuidados especiales en casa, nos acostumbramos a él, a no ser papás de incubadora, de 1.5hrs al día, sino de 24hrs al día, agradezco que nos despierte en la madrugada con su llanto de hambre, no la alarma que sonaba para extraerme la leche que le llevaría al hospital. Estoy de acuerdo, nadie nos prepara para ser papás, pero mucho menos, para ser papas de un bebé que nace con condiciones especiales. Al ir al hospital, veíamos familias entrar y salir con sus bebés recién nacidos, no podía evitar pensar, por qué no pude ser yo quien sale con sus dos bebés? , como era lo planeado, por qué Román se fue y por qué no puedo cargar ni besar a Lucas? Qué tipo de karma estoy pagando?. Nadie en la vida se merece pasar por esto, te debilita y te saca de ti mismo, pero al ver la fuerza de Lucas, que de verdad parecería que lucha con la fuerza de 2 bebés, me animaba a seguir teniendo fuerzas. La primer lección de mi nuevo maestro, levantar la cabeza, seguir adelante y a pesar de cualquier imprevisto, mostrar fortaleza y convicción, tomando las pequeñas o grandes bendiciones que muchas veces damos por hecho, como el poder abrazar a tu bebé recién nacido, al momento del parto.

Creo que hay muy poca información y no estamos sensibilizados a este tipo de experiencias, hasta que estas dentro de una historia así, vas conociendo y escuchando, de situaciones similares y puedes ver que si pasa, que no eres el único, que la vida no te está “castigando” a ti nomas y es cuando puedes ver también la gran labor de las enfermeras, que en este caso se convirtieron en las primeras madres de mi bebé, hacen una labor muy loable, es una vocación muy especial y les agradezco infinitamente que le hayan dado el cariño que yo no pude mientras el bebé estuvo ahí.

Lucas cumple hoy 7 semanas de vida, aunque su edad corregida, al ser prematuro, cambia a una semana de nacido, ya que debió haber nacido la semana pasada. Su desarrollo será un poco más lento que el de los otros niños, al menos eso nos dicen y sinceramente a mi no me genera ningún conflicto que hable o camine mas tarde, son cosas que después de vivir lo vivido, tienen menos importancia, lo único que me importa es que mi bebé está sano y que sea feliz a pesar de la perdida tan grande que tuvo antes de nacer. 

🙂

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