Llega un momento en el que lo vivido deja de ser triste y se vuelve un enorme motivo de orgullo


Por: Jorge Andrade

Somos de Jalisco/Michoacán y nos mudamos a Playa del Carmen en el 2004. Nos casamos a los 25 años y mi esposa quedó inmediatamente embarazada, naciendo mi primera hija 11 meses después del matrimonio.

Después de pasar un embarazo lleno de ilusiones (y también achaques ¿por qué no?) llega el día esperado, yo soy médico de profesión y en la clínica donde trabajaba programaron la cesárea para mi esposa, la Ginecóloga y la Pediatra compañeras mías de trabajo me permitieron ingresar a la sala y una vez que nace mi hija aparentemente todo estaba bien, hasta que la Pediatra me habló y me dijo que mi hija nació con el ano imperforado. Por un momento pensamos que era un problema sencillo, la mayoría de los casos de ano imperforado en el mundo son tan sencillos como una cirugía menor para cortar la piel del ano y “hacer el hueco”, sin embargo al hacer estudios inmediatamente nos dimos cuenta que era una malformación compleja, por lo que me tuve que ir con mi hija -recién nacida- a la ciudad de Cancún para ser operada, debían hacerle una colostomía pues no podía comer hasta que tuviera por donde evacuar. Mi esposa quedó convaleciente en el hospital por la cesárea.

Una vez que operaron a mi pequeña en Cancún, los doctores me dicen que “nos habíamos sacado la lotería”, pues de todas las malformaciones anorrectales mi Marifer tenía la más compleja, la que se da un caso en un millón, le llaman Cloaca, razón por la que se le haría una colostomía para poder alimentarse, pero también debía irme a buscar inmediatamente una opción en el centro del país, donde hubiera el conocimiento y la infraestructura necesaria para poder atenderla.

Una vez que salió del hospital y pudo comenzar a comer, conseguimos por medio del pediatra de los hijos de mi hermano en Querétaro una ayuda para poder entrar al Hospital Infantil de México Federico Gómez, por lo que debía volar con mi hija, recién nacida de Cancún a la Ciudad de México cuanto antes. Llegamos al aeropuerto para poder el vuelo cuando en la aerolínea me dicen que “no puede volar si la bebé no tiene al menos 7 días de nacida” con lo que se derrumbó mi mundo y pensé lo peor, por lo cual tuvimos que recurrir a falsificar la constancia de nacimiento y ponerle una fecha anterior, de modo que al comprar otro vuelo en otro aeropuerto, ahora en Cozumel me dejaran abordar. Mi esposa seguía convaleciente por la cirugía en casa

Llegando a la ciudad de México me recibió un amigo de la familia en el aeropuerto y me regaló un bambineto para poder cargar a mi princesa, llegamos al Hospital Infantil  y finalmente nos recibió el Dr. Manuel Tovilla quien fue nuestro ángel en esa época. La ingresaron y llegó directamente a terapia intensiva neonatal, donde la podía ver sólo un ratito cada día, además de que  las noticias que me daban generalmente no eran alentadoras: se infectó de una bacteria nosocomial, se le hizo un trombo en la carótida donde tenía el catéter central, nos dijeron en pocas palabras que la “bautizáramos” pues probablemente no duraría.

Mi esposa finalmente pudo volar a la Ciudad de México y me alcanzó en el Hospital Infantil, péesr do después unos días, yo tuve que regresarme a Playa del Carmen para trabajar, pues  al no ser de familias económicamente ricas, debía trabajar para generar lo necesario y poder pagar los  enormes gastos que implicaba este padecimiento.  Por desgracia,  comenzaron los problemas con la esposa pues “por qué yo podía estar en Playa del Carmen trabajando y no con ella, sufriendo, durmiendo en el suelo, con mucho frío (era mediados de diciembre) etc. lo cual complicó aún más la situación por un conflicto matrimonial.

Afortunadamente, tuvimos 2 familias en la Ciudad de México que nos ayudaron incondicionalmente por mucho tiempo, sin las cuales seguramente las cosas hubieran sido mucho más difíciles. Pasaban los días y ahora detectaron que mi hija tenía un riñón inservible con 2 ureteros malformados lo cual sería el origen de incontables infecciones urinarias, sin embargo el departamento de urología del HIM nunca nos hizo caso.

Duró 2 meses en la terapia intensiva neonatal y una vez que salió de la misma el Dr. Tovilla la operó para reconstruirla, teniendo que formar un conducto vaginal, una uretra, vejiga y un tracto rectal. Debo decir que fueron las mejores manos que pudieron haberlo hecho, pues después de eso sólo habría que esperar unos meses más para que pudieran reconectar su colostomía y entonces finalmente haría del baño por donde debía haber sido siempre.

La malformación implicaba usar una sonda para sacarle la pipí y hacer un enema jabonoso para sacarle la popó, además de introducir un dilatador por vía vaginal 2 veces al día durante meses para evitar que el tejido cicatrizal cerrara el conducto. Ahora había que pensar en resolver el problema urinario, ya que el gastrointestinal estaba en vías y en el Hospital Infantil  nunca recibimos buena atención del departamento de Urología por lo cual y por medio de familiares de mi esposa terminamos en el Hospital Civil Nuevo de Guadalajara Jalisco, y puedo decir que una bendición más de las que Marifer tuvo.

El Dr. Jorge Acosta cirujano pediatra urólogo se hizo cargo del caso, la estudiaron a fondo y se dieron cuenta que era un problema muy complejo, comenzó con cirugía tras cirugía (en total fueron 8 cirugías desde su nacimiento hasta hoy), siendo la última hace 4 años, y ahora, finalmente podemos decir que gracias al cielo y a los doctores que nos puso en el camino tenemos una hija “normal” a sus 14 años, ya toda una señorita, tiene sus limitaciones como todo niño en un millón pero alguien que no conoce la historia jamás imaginaría por todo lo que ha pasado.

Me identifico mucho con la historia de Sopitas pues siento que es similar a la mía, lo único que puedo decirte es que el tiempo pasa y Lucas cada día ganará la salud y la capacidad que le fue negada al momento de su nacimiento, llegará el día en que voltearás atrás y todo lo vivido dejará de ser triste y será un motivo de un orgullo enorme, pues tuviste un guerrero como hijo que jamás se dio por vencido.

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