No te voy a defraudar

Por: Dafne Campos ,

Hace Dos años dos meses

Y sin haberlo imaginado jamás, con el alma llena de miedos, me convertí en madre de un prematuro extremo de 26 semanas, 915 gr y 32cm.  Ser madre de un prematuro es no tener listo el cuarto del bebé, ni el letrero del cuarto del hospital con su nombre, ni haber comprado ropita, y tener que cancelar el baby shower. Es pasar enfrente de cuartos llenos de familiares y amistades conociendo a otros recién nacidos y no poder evitar sentir envidia; es luchar contra la tentación de buscar en Google. la respuesta a todas tus inquietudes sobre la salud de tu hijo.

Ser madre de un prematuro es no haber podido tener a tu hijo en los brazos al nacer y conocerlo muchas horas después a través de una incubadora. Es apenas poder tocar sus brazos y sus pies durante los primeros 40 días de vida. Es volverte enemiga del monitor rogando un 90% de saturación y una frecuencia respiratoria constante. Es haber sobrevivido la angustia de una operación intestinal poniendo la vida de quién que más amas en manos de personas que jamás has visto, es tratar de entender que es una hemorragia intraventricular y temerle a sus secuelas, es sentirte abandonada por Dios y preguntarle mil veces el por qué sin recibir respuesta, es recuperar la fe y rezar por la recuperación de tu hijo.

Ser madre de un prematuro es una rutina de domingo a domingo, UCIN-casa-UCIN-casa, es tener las manos resecas de lavarlas minuciosamente antes de entrar a ver a tu hijo. Es escuchar la palabra estable y no saber si sonreír por que no empeoro, pero tampoco mejoró. Es molestarte cuando ves los piquetes en sus brazos o piernas por los estudios que le tomaron, es recordar tus clases de anatomía sobre el funcionamiento del intestino, del cerebro, de los pulmones, del corazón; y descubrirte experta en enfermedades que nunca habías escuchado, es temerle a las infecciones, a los choques sépticos y aprender que no es tan fácil encontrar donadores de plaquetas.

Ser madre de un prematuro es no poder acostumbrarte al subir 10gr y bajar 15gr. Es ver a tu hijo alimentarse por una sonda, es luchar por que la leche materna no deje de producirse, es sentirse feliz cuando te dicen que tu leche le cayó bien después de 3 intentos. Es aprender que tu hijo tiene su edad cronológica, pero su desarrollo es de acuerdo a su edad corregida y que su organismo no debería estar comiendo o respirando y que estás simples
acciones son un gran esfuerzo de tu bebé, es incorporar la palabra inmadurez a todas tus conversaciones.

Ser madre de un prematuro es también descubrir quiénes son esas personas con las que puedes contar, los que te acompañan en los momentos más difíciles, quien corrió a través del pasillo para acompañarte en el parto, quien se quedó en el hospital para cuidarte, quien cruzo toda la ciudad sin conocer el camino al hospital y se perdió, quien alargó sus vacaciones para ayudarte, quien te llevo al hospital, quien te ofreció su casa para estar cerca de tu bebé, las que se toman el tiempo y soportaron piquetes para donar sangre o plaquetas, quien te ayudo con tus dudas sobre seguro de gastos médicos, los que te llaman o mandan mensajes de ánimo aunque te tardas hasta una semana en contestar, los que buscan la forma de distraerte, quien toma un vuelo para venir a abrazarte, quien te ayudo a recobrar la fe y acercarte a Dios, los que dedicaron una oración para tu bebé.

Ser madre de un prematuro es soñar con el día en que puedas salir del hospital con tu hijo en brazos, aunque llevamos 57 días y nos falten algunas semanas más. Es entender que nadie que no tenga un hijo prematuro podrá entender tu sentir. Es sentirte devastada y limpiarte las lágrimas antes de entrar a ver a tu hijo y cantarle canciones y leerle cuentos en la UCIN para que no detecte tu desesperación. Es contener el llanto el día que al fin pudiste cargarlo, por miedo a que tus lágrimas le causarán alguna infección y poderle decir te amo al oído con un nudo en la garganta.

Sí…Ser madre de un prematuro es ver todos tus planes hechos añicos, pero en cambio eres el testigo de un MILAGRO que ocurre día a día, es la primera gran lección que tu hijo te da, si tu guerrero está luchando por su vida, lleno de fortaleza, tienes que estar a su altura, luchando a su lado sin importar lo quebrada que te sientas, a pesar de todo el dolor y los momentos difíciles, todo vale la pena cuando tu hijo aprieta tu dedo con su manita.

Nunca he sido una mujer ordinaria y ahora mucho menos…Soy una afortunada de la vida, Demian me eligió a mí como su mamá y no lo voy a defraudar. Dios decidió darme esta bendición… la de ser la madre de bebé un prematuro.

Dafne Campos y Demian en un Picnic

Dafne y Damian disfrutan de un picnic

 Y dos años y dos meses pasaron…

Aún se me llenan los ojos de lágrimas al leer lo que escribí hace dos años… y a pesar de que muchas cosas no tuvieron explicación, a pesar de las múltiples hospitalizaciones en terapia intensiva, cirugías, tratamientos… hoy sigo sorprendida de todo lo que mi guerrero ha logrado.

Sonríe, me abraza, me da los brazos, come, cuenta hasta el 20, se sabe los colores, aprendió a gatear casi a los dos años, y ahora ya da pasitos, y me reconoce y me llama mamá. no terminaría de describir todos los sentimientos bonitos que se generan cuando en las mañanas despierta a con una sonrisita o cuando se carcajea cuando lo lanzo de una resbaladilla.

Ahora va a la guardería integradora, tiene amiguitos con discapacidad, que son los más amorosos con él, y todos los días yo estoy agradecida por todos los milagros que ocurren cada día, por la bendición de poder tenerlo conmigo.

Nos ha costado trabajo que coma, vamos a terapias de neurodesarrollo, visuales, orales y a natación… es honestamente agotador, pero vale la pena.

El avanzará a su propio ritmo, hice a un lado los comentarios que me lastimaban como:  ¿aún no gatea? ¿Si va caminar, ya se tardo mucho? ¿Por qué no come sólidos? ¿No está muy flaquito? ¿Siempre traes su comida? ¿Por qué tantas consultas con doctores?

El ritmo lo pone Demian y nos ha funcionado, no lo comparo con el desarrollo de ningún otro niño porque es ÚNICO, todos los niños lo son, pero mi guerrero tiene más batallas ganadas, así que no hay prisa, solo hay que aplicarse y esperar que los resultados llegaran cuando deban llegar.

Veo hacia atrás y ciertamente no sé de donde sacamos fuerza, pero aquí estamos, con ánimo, entusiasmo y todas las ganas para salir adelante, empoderados de saber que podemos con los retos que estén de frente.

A ti mamá o papá con tu hijo en un hospital, te quiero decir que fuera tampoco será sencillo, es un camino largo y que de debe recorrer lento y constante, pero créeme, valdrá la pena, por que cada paso que tu hijo da, o cada palabra que aprende, cada logro será un orgullo, un logro que también sentirás tuyo.

Mentiría si digo que no hay momentos de desesperación, de preguntas sin respuesta, de cansancio extremo, pero cuando me invaden, simplemente pienso que Demian está en una batalla y que yo soy el soldado al que eligió para librarla; y si me eligió, es porque con confía que yo puedo ayudarlo a ganarla.

Como dije hace dos años: Demián, no te voy a defraudar.

Dafné

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