Se trata de aprender y desaprender

Se trata de aprender y desaprender, de acompañar, de dar un consejo, pero sobre todo de amar

Por: Alfredo

Como muchas, la historia de mi hijo es sin duda alguna, la de un guerrero que se aferró a la vida y que me hizo ver cual era mi verdadera función como padre: estar.

Un día como cualquier otro, me llamó mi esposa y me comentó que mi pequeño tenía la pierna izquierda muy inflamada, llegué a casa y como todo papá lo revise. Simplemente me quede atónito, de la rodilla hacia abajo estaba completamente inflamada. Transcurrió la noche sin mayor sobresalto y al día siguiente lo llevamos al médico, que por supuesto, de inmediato dijo que no era normal.

Primer golpe: tú hijo se queda internado para valoración, (nadie sabía que tenía). Empezaron los estudios y con ello, la calidad de vida de mi hijo, se empezó a deteriorar a pasos agigantados, no daba crédito de lo que estaba sucediendo; de tener un hijo sano, feliz, alegre y sobre todo radiante de energía y salud, a tener a mi pequeño tendido en una cama y llorando por que “no se quería morir”.

Seguían el paso de los días y la desesperación se hacía presa de nosotros y de toda la familia, pues  cabe mencionar que mi hijo, es el consentido de muchos de mis familiares. Los días continuaban y como se los mencione, la salud de mi hijo, iba en franca decadencia, ese maldito día, nos mandaron llamar y el cardiólogo nos dijo: Tú hijo esta muy grave y le tengo realizar un procedimiento que le puede costar la vida, padece SÍNDROME ANTIFOSFOLIPIDO.

Se me cayó el mundo, sólo atine a llenarme de rabia y reclamar a Dios y la vida. ¿Por qué a nosotros?, ¿por qué a mi hijo, que es un ser de luz?

Una vez que concluyó el procedimiento, el médico nos comenta: “tu hijo esta muy delicado le realizamos un cateterismo para retirar un coágulo que se encontraba alojado en su pulmón”. En otras palabras,  mi pequeño sufrió una trombo embolia pulmonar, y se nos darían informes cada hora “SI SOBREVIVE las primeras doce horas, te estaremos informando de qué y como es que vamos a trabajar con su enfermedad”.

Su madre y yo, nos quedamos solos en esa sala de espera, esperando cada maldita hora que salieran para informarnos de la salud de mi bebe. Afortunadamente y gracias a Dios y  a los médicos, mi hijo fue evolucionando poco a poco. Primero estuvimos en terapia intensiva coronaria durante  largos 45 días, el mentado y tan odiado Síndrome Antifosfolípido origina que la sangre se vuelva espesa y se hagan coágulos.  En el caso de mi hijo, el coágulo se alojo en el pulmón lo que ocasionó que el esfuerzo del corazón de mi pequeño, para tratar de deshacer el mentado coágulo, se rasgara, o como nos dijo el médico,  le ocasiono un Foramen.

Mi hijo con toda su entereza y apego a la vida, dejó el hospital e inició la recuperación en casa de mis padres, con tanto amor y dedicación que su mamá y mi mamá, lo sacaron adelante, regresó al colegio a terminar el sexto de primaria y su graduación fue épica, pues todos sus compañeros lo abrazaron y lo aplaudieron cuando dio el discurso de la generación.

Hoy día mi pequeño tiene 18 años, mide cerca de 1.93 mts de estatura, por supuesto que el síndrome es una enfermedad que va a llevar de por vida, pero está bien de salud, toma sus medicamentos en los horarios establecidos y nadie como él sigue su régimen alimenticio, esta por concluir la preparatoria y quiere estudiar medicina.

Sin duda, la vida no nos prepara para enfrentar estas situaciones, menos para ser padres. En mi caso, procuró estar más tiempo con mis hijos, tengo una hija que ya es mamá, o sea, sí, soy también abuelo, pero esto se trata de aprender y desaprender, de acompañar, de dar un consejo pero sobre todo de amarlos.

Gracias por dejarme compartir, me hace bien el ir quitando fantasmas de mi cabeza con lo sucedido con mi hijo.

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