Somos padres elegidos en un millón

Somos Padres elegidos en un Millón

Por: Rosalba Chavarin

Tuve un embarazo muy complicado. Mi hija Fernanda, nació a los ocho meses de embarazo. Cuando nació los doctores no me dejaron tenerla y la metieron a una incubadora, por que mi hija no podía respirar por si sola. Fer salió del Hospital a los diez dias de nacida.  

Nos dijeron que teníamos que checar su temperatura, porque su organismo aún no sabia controlarla  y sí, Fer de repente empezaba a sangrar por la nariz y al checar la temperatura tenía 39° o 40°.  En otras ocasiones empezaba a ponerse azul porque se enfriaba su cuerpo. A los 28 días de nacida detectaron que tenía reflujo grado dos y luxación de cadera grado dos. Estuvo en el hospital por que el reflujo le ocasionó infección en los pulmones y sinusitis.  Fue entonces que diagnosticaron un problema cerebral. 

Nosotros no teníamos una condición económica solvente, pero aún así la llevamos al Hospital Ángeles del Pedregal. Vendíamos de todo, hasta elotes, para poder pagar los tratamientos de Fer.  Ahí nos dijeron que nuestra pequeña se estaba quedando sorda , que la visibilidad de un ojo era casi nula y que nunca iba a poder caminar, ni tampoco hablar. Se habían muerto unas partes del cerebro de Fer.  A los dos meses del diagnóstico, Fer tuvo bronco neumonía y nos los Doctores nos dijeron  que tenía infectados los pulmones, al tiempo en el que nos dieron el peor de los diagnósticos y nos dijeron que nuestro bebé, de casi siete meses ,probablemente no pasaría  la noche. 

Nuestra angustia fue tan grande que lo único que le pedí a mi ahora ex esposo fue que me llevará a la capilla del Hospital y por alguna razón, terminamos en una iglesia en la zona de hospitales.  Al entrar a la Iglesia lo primero que hice fue gritarle y reclamarle al Cristo que estaba en el altar. Le dije que dejará en paz a Fernanda.  Que si le debíamos algo, se lo cobrará con nosotros, no con ella.  Se acercó a mi el padre de la Iglesia y me dijo que no importaba, que siguiera reclamando, que estaba en mi derecho de madre. Cuando me calme le expliqué al padre nuestra situación y que era muy doloroso ver a mi bebé conectada a tantos aparatos y con tantos sueros y agujas picando su cuerpo.  

El padre nos  hizo cerrar los ojos y nos pidió imaginar a Dios en un jardín muy grande, sentado debajo de un árbol .  Alrededor de Dios había muchos niños jugando y en sus piernas, abrazados por él,  los niños con capacidades diferentes.  Y Dios no suelta a esos Ángeles tan amados, hasta que encuentra a unos padres especiales. Entonces Dios nos eligió a nosotros para cuidar y proteger a ese Ángel especial para Dios.  Debemos de dar gracias por que nos  mandó a ese bebé amado y sólo pedir que nos ponga en el lugar indicado y con la gente indicada para poder sacar adelante a nuestros hermosa hija.

En el momento ese NO fue nuestro consuelo pero salimos con algo para reflexionar.

Fer estuvo tres meses internada, salió y siguieron las complicaciones.  Hasta la prueba de sida le tuvieron que hacer por que para el pediatra no era normal tantas enfermedades juntas.

Nos dedicamos a llevar a Fer a todas las terapias que se nos recomendó y parecía que todas las puertas se abrían tan fácil.  Fer pudo caminar a los tres años y habla con algo de problemas y tropiezos al pronunciar.

A los diecisiete años le diagnosticaron epilepsia.  Se hizo una mujer independiente.  Ahora tiene veintidos años,  terminó la secundaria abierta, baila danza regional y cuando quiere trabaja en una pizzería.

Somos padres en un millón elegidos por Dios.

 

 

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